Al séptimo día Dios descansó. Al séptimo día yo doy mi punto de vista.
Dios no es neutral. Yo tampoco, tenía mis tres favoritas.
Dios le hace barra al bueno pero no le impide al malo que exista. Yo estaba alejado de todas las barras y de candidatas buenas y malas.
Dios espera y observa. Yo esperé y observé…
¿O de cómo ganar la corona con un vestido de última hora?
Vestirse o mejor dicho, arreglarse, es una costumbre propia del ser humano. Cuando el primer cavernícola se colocó una piel de animal para protegerse del frío pasó la frontera del animal al hombre. De ahí que si utilizamos un mero trapo o una seda costosa hay mucha diferencia. Pero ni la prenda más maravillosa del mundo te hará sentir tan bien como tener un cuerpo en forma, algo de lo que las candidatas para el último reinado de El Carmen no se preocuparon. Además de exhibir su elegancia, donaire y cultura, más de una expuso al pueblo un gordito en el lugar equivocado, una mancha, una estría y algo de celulitis… En mi criterio la gran mayoría debió inscribirse en un gimnasio o en el último de los casos hacer una dieta sana, estricta y equilibrada, por supuesto, con muchos meses de anticipación. Ya que si tratas a tu cuerpo como si fuera alta costura y le dedicas tiempo y esfuerzo, acabarás teniendo algo que nadie te puede quitar, un figura agradable, sana y digna de una reina.
Yo soy muy exigente, y en un concurso de reinas aún más, se supone que hay parámetros de belleza que nos permiten elegir mujeres con ciertas condiciones físicas. Y es allí cuando la organización falló y no hizo un filtro ya que algunas aspirantes no reunieron las condiciones necesarias para ser candidatas. La belleza es subjetiva, está en el ojo del observador: lo que para mí es bello, para ti puede no serlo; un cuerpo que me agrade a algunos no les llamaría para nada la atención y mi traje preferido, a otros nos les gustará. Pero no puedo decir mentiras: el público pudo localizar partes del cuerpo de ellas que, según los trillados pero efectivos cánones occidentales de la belleza, eran poco "estéticos". Estemos o no de acuerdo, el concepto de belleza obedece a parámetros más o menos universales.
¿Qué distingue entonces a la belleza de lo bonito, lo precioso, lo apuesto, lo interesante? Quizá no existan respuestas concluyentes respecto a este tema, pero sí se puede explorar un poco en las definiciones de aquello que llamamos belleza: es importante considerar en una mujer atributos intangibles como personalidad, inteligencia, gracia, simpatía, encanto, integridad y elegancia, y otros visibles como la salud corporal, juventud, sensualidad y simetría. Hay que ver que la belleza es un acuerdo entre el contenido y la forma, según reza un axioma.
Digámoslo, entonces, sin hipocresía y de una vez: el espectáculo que observamos en la última elección fue deprimente. Un concurso lleno de equivocaciones, que acabó con un resultado poco convincente. Para la próxima no regalemos dinero del pueblo en vestidos que no se utilizarán jamás. Es verdad que El Carmen avanza, a su manera, pero avanza. Si hace diez años los carmenses elegíamos reinas en el Recinto Ferial y no faltaban las balas y las broncas, hoy elegimos reina en casa propia, ya sin bala pero aún con broncas. Por eso es necesario construir el mapa de lo bello para las fiestas venideras. ¿Cómo? Con inscripciones por lo menos cuatros meses antes. Con filtro y estrictos parámetros de belleza. Con cursillos de protocolo y etiqueta, además del habitual modelaje y baile. Con un jurado diferente, responsable y conocedor del tema. Alguien me dijo que incluyan más mujeres jurados —porque el problema con algunos hombres es que solo necesitan una cola, un par de tetas y listo— además que los presentadores y cantantes no tengan criterios sesgados, —en la última elección pedían barras para dos o tres candidatas y a las otras que se las lleve el diablo— o diciendo una reina no es solo un vestido.
Señores: ser Reina es un apostolado, sino que lo diga Mariana Rafaela. Algunas mujeres aceptan esa dura carga por filantropía, para colmar las fantasías de los mismos ignorantes que las vilipendian. Es duro representar los sueños de tanta gente y para ello someterse a innumerables mortificaciones por eso…
¡Dios Salve a la Reina!
Dicho y hecho. Porque estamos aquí para vivir en voz alta.





















